¿Es imposible hacer un festival de música en madrid?

Una solitaria web lo ejemplifica a la perfección. Uno lee el cartel, en principio de campanillas: REM, Hole, Placebo, Molotov… La cosa ya huele rara, pero mucho más cuando clickeamos en el precio: 5.000 pesetas. Ahí sigue, viva en el hiperespacio, la web del Guti, el efímero Gutiérrez Festival nacido en Las Ventas en 1999 «con vocación de continuidad», admiten sus impulsores. Jamás volvió a celebrarse.

El Festimad, reventón en los 90, hace años que pasó a mejor vida. El Summercase se ahogó en la burbuja de festivales. El Rock in Río viene y se va (no en 2011, sí en 2012). En Getafe han funcionado el Electric y el Sonisphere. Benicàssim intentó la aventura madrileña en 2008 en el Rockódromo: una y no más. Primavera Sound y Sonar buscan socios peninsulares… Y se van a Oporto y Galicia. Madrid, la ciudad del festival imposible. ¿Por qué?

«Pues para empezar porque faltan recintos, y los que hay no están preparados y los costes de adaptación son increíblemente altos: es como si cada vez que fuera Echanove a actuar en un pueblo tuvieran que construir de nuevo el teatro», dice Julio Muñoz, desde 1994 a la cabeza del Festimad, que no levanta cabeza desde que la marabunta lo convirtiera en «un campo de refugiados», como se definió en la prensa, en La Cantueña, Parla, en 2005: «El coste de adaptación es muy alto, a veces, un 50% del presupuesto del festival. Los ayuntamientos han hecho muchos festivales gratis estos últimos años sin vallar los recintos. Es como invertir en la industria del automóvil sin hacer nuevas carreteras. El teatro del Siglo de Oro se desarrolló cuando pasó de las plazas, abiertas, a las corralas, cerradas. Pero ellos no creen que la música sea cultura».

Habla Dani Gutiérrez, creador desde Doctor Music del Gutiérrez Festival: «Nosotros nunca nos planteamos hacer un festival en Madrid, nunca». Opina Alfonso Santiago, que desde Last Tour monta cada año el potente BBK en Bilbao, y ha hecho en Getafe el Electric en 2008, el Sonisphere en 2011 y el Envivo hace dos meses: «En Madrid capital no hay un recinto, no lo puedes planificar, si hubiese un recinto se podría intentar, lo hemos mirado pero…». Tercia Julio Muñoz: «En el tema de artistas, con la caida del negocio no ha habido un relevo mediático y generacional, los únicos que arrastran son del siglo pasado, ¡incluso del milenio pasado! Stone Roses y Grateful Dead no atraen a los jóvenes, a quienes por cierto tampoco se les permite entrar a muchos conciertos. Lo público debería apoyar la generación de nuevos artistas y no los que ya están consolidados, que esos ya hacen negocio. En cuanto al público, está más informado que nunca, pero también más disperso».

Habla David Jiménez, de Primavera Club, que se hace en pequeñas salas: «Madrid tiene una enorme oferta de ocio, y para convertirlo en un acontecimiento se necesitaría una implicación total de la ciudad. La música no es sólo ocio nocturno, es turismo y dinero, pero no lo ven. En Madrid, además, no existe un recinto como el Fórum de Barcelona».

Con algo más de perspectiva remata Alfonso Santiago: «En realidad, ninguna gran capital europea tiene un gran festival, todos están fuera de los núcleos urbanos. La oferta cultural de Madrid es la mayor de largo y habría que competir con ella. Pero, en realidad, ningún londinense va a buscar a Benicàssim nada que no pueda ver en Londres. Va a otra cosa. Busca una excusa. Es un tema de turismo cultural. Hay que trabajar desde ese concepto: lo social es tan importante como lo estrictamente cultural».